SER GOCE

Amo caminar. Recuerdo muchos momentos de soledad en ésta ciudad y en otra bella y pequeña ciudad, donde salía a caminar en la noche acompañada de mi walkman, la música siempre invita a imaginar; me gustaba observar las casas, sus luces, especialmente si había alguna ventana abierta que dejara ver la decoración, porque me imaginaba qué persona podría habitarla, cómo sería su vida, ¿se trataría de alguien solitario como yo? ¿Estaría amando a alguien? ¿Qué aspecto tendría? Y así en mi caminar se me escurrían las horas imaginando otras vidas, otras posibilidades de mí misma. Caminaba cual “lobo estepario” con la esperanza de hallar una puerta, una entrada “sólo para locos”. Anhelaba un escenario donde pudiera ser un “otro yo”, no un escenario dictado, sino uno creado por mí misma. Esa extraña mezcla de soledad placentera es el goce.

 

Caminaban y del caminar surgían otros mundos.

Yo caminaba con ellos.

Yo me convertía en los otros.

 

Jugar a ser otro es jugar a ser uno mismo y para que eso suceda es requisito indispensable atreverse a Ser, y perder el miedo a mostrarse. No copiar modelos, no hacer a “modo de” (que es la moda), no justificar en palabras lo que no se vive, no hacer discursos políticamente correctos para crearse máscara de santo. El ser siempre es afirmativo porque se “afirma” a sí mismo, ¿cómo? Accionando la propia existencia.

El escenario es ese espacio-tiempo que invita a la locura de ser sí mismo, de ahí la importancia de Ser-goce. Porque el goce es múltiple como el cuerpo. Gozar no es mostrar una falsa felicidad para esconder algo, ni ser melodramático para ser compadecido por otros. Gozar implica sentir mucho y muchas cosas a la vez. ¡Tanto! Que cuando se goza en el escenario, el público se proyecta gozando y existe con el ser-goce auténtico del escenario. Así se construye la empatía con el público.

Mousike siempre valoró la empatía, por ello era múltiple, aesthetica, porque para que se dé una experiencia sensorial empática, son necesarios todos los sentidos. Mousike se valió de la interpretación de la lira, de la danza, del teatro y de la poesía para transmitir y contagiar a los otros. Las clasificaciones fronterizas de las Bellas Artes limitaron la experiencia estética, focalizando “una” sensación, “una” acción, “un” solo tipo de arte y de artista. Pero quien logra construir empatía con el público, es quien decide cruzar las fronteras limítrofes de las clasificaciones.

Freddie Mercury hizo lo impensable en el estadio de Wembley al provocar un estado de éxtasis en miles de personas, donde al final del concierto se coronó a sí mismo Queen mientras más de 70,000 asistentes coreaban al unísono God Saves The Queen ¿sacrilegio a la reina? ¡No! Ser gozoso, ser auténtico, ser sí mismo. Mercury no fue cantante de rock, fue mucho más, en el escenario actuaba, bailaba, cantaba, tocaba el piano, cambiaba de color como sus vestuarios, era múltiple, gozaba y así creaba ese puente empático con su público.

Lo mismo hizo Juan Gabriel en Palacio de Bellas Artes, no se trata de gusto, sino de ser goce, múltiple y empático. Cuando “Juanga” llevó la música popular al recinto más elitista, cruzó muchas fronteras. “Jotear” es una invitación a romper con la imposición moral, vestir “flecos y lentejuelas” es escupirle a la autoridad de la industria de la moda para poderse vestir como uno quiere, en pocas palabras, para experimentar la belleza propia. Como escribió recientemente Juan Villoro, “ninguna mezcla le fue ajena”, hizo del eclecticismo una fórmula propia, que además le permitía “imitarse a sí mismo”. Una vez más, ser auténtico, ser goce, ser múltiple, causó la empatía necesaria que puso de pié y a bailar al recinto de mármol frío.

esmedianoche

La mancuerna Foco al Aire – Delfos empáticamente provocó un estado de trance en donde la proyección de soledades gozosas hicieron presencia. El final no podía ser otro, sus Variedades Nocturnas pusieron a bailar a los tres pisos del dogmático Teatro de la Ciudad.

¡Y lo repitieron! La complicidad Sánchez-Zeivy nombrada Foco al Aire nos volvió a contagiar. ¿Quién no canta a todo pulmón los sentimientos escondidos? Y ¿Quién no se “disfraza” de otro para encontrarse en ese espejo? ¡Qué importa si no es “danza”! ¡Es mousike! La Audición fue esa invitación a la locura de verse en el otro para encontrarse a sí mismo.

 

Cuerpos en estado de goce.

Empatía accionada.

Experiencia estética de cuerpos

que provocan la acción en otros cuerpos.

Triunfo de la locura múltiple sobre la categoría limitante.

 

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Ambas presentaciones no serían posibles sin la dedicación de años (no semanas ni meses) de investigación y rigor; pero, también son un claro ejemplo de que los presupuestos gubernamentales destinados al arte no deben reducirse ni mucho menos desaparecer. No se trata de “dependencia” como dicen los discursos oficiales. Recordemos una vez más que el pueblo no depende nunca de “papá gobierno”, es responsabilidad nuestra señalar al gobierno y sus instituciones, como hijos mal educados del pueblo, “NiNis” vampiros del erario que muerden la mano de la población que los mantiene.

Empoderarnos como población, es empoderarnos de nosotros mismos, de nuestros cuerpos y de nuestros presupuestos, de nuestras bellezas y nuestros goces, de nuestras multiplicidades, en una frase: Atrevernos a ser.

 

¡Caminar! ¡Cómo me gusta caminar!

Y encontrar otras puertas, escenarios “sólo para locos”

Donde puedo dar rienda suelta a mis otros yo.

 

Paola Aimée.

9 de septiembre de 2016.

 

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